Francia en el paladar

Salût, petits et grands goûrmets!

Gastronomía francesa, tan rica y variada como su cultura.

Realmente resulta muy difícil hablar sobre gastronomía francesa en términos generales, pues lo ideal sería dar a cada región del país el protagonismo que merece. No obstante haremos un repaso de los productos más típicos de cada zona y conoceremos algunos de los lugares más entrañables en los que disfrutar sus productos. Además conoceremos a uno de los chefs más importantes del país, que nos abre las puertas de sus restaurantes y de su vida, para que podamos conocer un poco más sobre él.

La cocina francesa está influenciada por el resto de los pueblos europeos, lo cual no quiere decir que no tenga sello propio, sino todo lo contrario; su identidad se ve aún más reforzada si cabe. Un ejemplo de ello lo vemos en nuestra primera parada: la región de Languedoc-Rosellón, que fue celta, romana, visigoda y, catalana hasta el siglo XVII.

Al sur del país, cruzando la frontera española por Cataluña, llegamos a una comarca puramente mediterránea. El turista disfrutará degustando su gran variedad de pescados en las zonas costeras, como es el caso del bello pueblo de Sète. Un ejemplo de ello es la bourride, una finísima sopa de pescados blancos, emparentada con la famosa bullabesa. Ya en Nîmes no podemos marcharnos sin probar su brandada de bacalao, plato elaborado con bacalao desmigado, o el cassoulet, guiso de alubias blancas. Es casi obligatorio para los amantes del vino, acompañar el plato principal con un vino de la zona. Las fértiles tierras de Perpiñán son propicias para que de sus viñas nazca un gran vino. Plato de Rosellón

Cambiando de comarca, arribamos a la región de Provenza-Los Alpes, en la esplendorosa Costa Azul. Entre sus muchas y ociosas localidades, no podemos obviar a la bella ciudad de Niza. Siempre que el viajero pueda, no puede pasar por alto pernoctar en el maravilloso Hotel & Spa Splendid. En su restaurante gozaremos de los platos típicos de la zona, como la bullabesa o la ensalada nizarda -elaborada con todo tipo de vegetales frescos y aceitunas, pepinillos, huevos duros y anchoas-. Todo ello con unas vistas panorámicas de lujo.

Parada obligatoria es la de Lyon, capital de la región de Ródano y tercera ciudad más poblada de Francia, tras París y Marsella. Además cuando hablamos de Lyon, muy cerquita, a unos diez kilómetros al norte, hablamos del lugar de nacimiento de uno de los chefs más grandes de la historia francesa, Paul Bocuse. De él conoceremos más en profundidad, en la sección Personas de esta web.
De esta rica región son muchos los platos a destacar, como la fondue saboyarde elaborada con queso y vino blanco. Pero son los dulces típicos como el nougat (a base de clara de huevo, miel y almendra) o el coussin de Lyon (a base de chocolate y pasta de almendra) los que gozan de mayor protagonismo.

Permítanme hacer un alto en mitad de la Borgoña, más concretamente en la encantadora ciudad de Dijon. Merece la pena detenerse ante sus edificios de estilo románico. O pasear junto a la orilla del río Ouche. O quizás todo esto sólo sirva de pretexto para probar su fantástica mostaza que le da la popularidad a esta localidad. Pero no es mostaza todo lo que reluce en esta región. Borgoña, tierra de buenos vinos. En ella se pueden degustar platos como el boeuf bourguignon, que es ternera estofada en vino, o los famosos escargots, caracoles en salsa de vino blanco, mantequilla y perejil.

Destacable es la comarca de Lorena o Lorraine, que le presta su nombre a su plato más típico. La quîche lorraine, tarta salada elaborada con huevos, creme fraiche, queso y bacon.

Llegamos a París, o si lo prefieren la ciudad de las luces, o la ciudad del amor, o la de la moda… Bien conocida por todos, París, en la región Île de France, ofrece a todos los niveles (incluido el gastronómico) un amplio abánico de posibilidades. París recoge de un modo excepcional lo mejor de cada región y lo coloca al alcance de la persona. Por eso, más que lo que puedas comer, quizás, lo realmente importante es el lugar donde lo hagas.
-Si hay una ciudad para todo, es esta. Y por eso, te dejará helado el Ice Kube Bar, en el hotel Kube, situado en Passage Ruelle, 5. Un bar hecho todo de hielo, incluidas paredes y mostrador. Podremos saborear estupendos cócteles. De lo más sorprendente sin duda es que no pasarás frío dentro de él debido al efecto iglú.
-El Kong, restaurante con una vista espectacular del Sena a la altura de Pont Neuf. Este restaurante goza de una muy buena reputación, más que por su comida, porque en su interior se desarrolla una escena del célebre último capítulo de Sexo en Nueva York, una serie y un capítulo convertido en objeto de culto para los admiradores de todo lo que tenga que ver con lo fashion, porque su nivel culinario realmente no tiene nada de especial. Lo mejor la vista.

Saliendo de París, y ya en la región de Bretaña, sería conveniente probar el más famoso dulce francés: el crêpe. El crêpe es una masa ligera a base de harina de trigo, leche, huevos, mantequilla y una pizca de sal. Postre delicioso y de tal sencillez que te permite rellenarlo con aquello que desees (chocolate, dulce de leche, nata, mermeladas, fruta…). Es el crêpe suzette el más famoso, acompañado con un sirope de naranja y flameado de brandy. También se hacen crêpes salados.

Y volviendo al sur por la costa atlántica, llegamos a Burdeos. Aquí se hallan los mejores y más famosos vinos del país con denominación de origen. Pasar por Burdeos y no probar su vino, podría considerarse pecado y una ofensa para el bordelés. Sin duda hablamos de una tierra delicatessen, ya que el vino lo utilizamos para acompañar a sus famosos patés o foies, o a un delicioso confit de pato.

Y aunque finalice este breve recorrido por la geografía culinaria francesa, no cerraré esta entrada sin hacer mención a su variada gama de quesos. El francés presume de tener un tipo de queso para cada día del año. Y así es. De hecho son muchos más de trescientos sesenta y cinco quesos los que se elaboran a lo largo y ancho del país. Los más conocidos, el roquefort, el emmental y el camembert.

Les invito a degustar cualquiera de ellos en un tranquilo y relajado brunch. Que, por si no lo saben es una comida delimitada en un período de tiempo entre el desayuno y el almuerzo, cuyo nombre procede de raíz y desinencia de los anglicismos breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo).

Hasta aquí, espero que hayan disfrutado. En tanto, yo les espero hasta el próximo reportaje, con una copa bien fría de champagne en la mano.

Bon appétit!

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Hola. Mi nombre es Joaquín, y os doy la bienvenida al portal gastronómico Despertando Paladares.

¿Qué es Despertando Paladares?

Este blog nace con un objetivo claro: el reconocimiento de la cocina en la categoría de arte. Las bellas artes reconocidas son: arquitectura, la primera; danza, la segunda; escultura, la tercera; música, la cuarta; pintura, la quinta; literatura, la sexta; y la cinematografía, la séptima. Se pretende hacer hueco a la gastronomía entre las artes ya existentes.

¿Por qué?

Es sencillo. Analicemos el significado del término arte a través de sus distintas acepciones:
-“Virtud, disposición y habilidad para hacer algo“-. Como en cualquier campo artístico, en la cocina se necesita disponer de ciertas habilidades y disposiciones para llevar a cabo el buen desempeño de la tarea, es decir, aquello que te convierte en virtuoso.
-“Cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, percibida a través de los sentidos“-. Claro está que la cocina es una actividad productiva. Además somos capaces de expresar sentimientos a través de ella. Un plato puede ser el reflejo de un estado de ánimo. En cuanto al hecho de ser percibida por los sentidos, estaríamos ante una manifestación artística con gran carga sensitiva; es más, estamos haciendo uso de los sentidos más olvidados en el resto de las artes -el gusto, el olfato y, en alguna medida el tacto. Así como en las siete artes reconocidas son necesarios los sentidos de la vista y el oído por encima del resto, en el “arte culinario” las sensaciones son evocadas a través del gusto, el olfato, e incluso el tacto, cuando hablamos de texturas.

Una obra de arte culinaria es capaz de evocarnos recuerdos y transportarnos a diferentes épocas y lugares.

Habrá quien diga que no se podría tratar de un arte por el mero hecho de tratarse de una actividad que cubre una necesidad primaria o básica del ser humano, que es la de mitigar el hambre. No obstante, si nos fijamos ¿no tiene la arquitectura su origen en la necesidad de proporcionar vivienda, hogar o cobijo al ser primitivo?

¿Cómo lo haremos?

El modo de trabajar es simple. Eventualmente serán publicados nuevos artículos de actualidad gastronómica. En cada publicación nos centraremos en una región de nuestro planeta y abordaremos los temas más interesantes, describiremos lugares singulares e insólitos en los que al lector no le importará perderse, y conoceremos a los chefs y personalidades más interesantes del mundo gastronómico.

¿Qué tiene de novedoso?

La pasión. Nunca antes el mundo de la comida fue tratado con tanto sentimiento y dedicación. Despertando Paladares tratará de colarse en vuestras cocinas como una nueva especia que revolucionará vuestros platos. Será el punto de sazón que faltaba entre vuestras webs favoritas.

Por todo esto, espero que lo disfruten.

Tomen asiento y ¡qué aprovechen!