De la palabra, al plato

Ayer fue viernes. El primer viernes gastronómico. Uno o dos viernes al mes, un grupo de amigo nos reunimos y poner en práctica algunas de las recetas tratadas en el último artículo de Despertando Paladares.

Anoche elaboré el siguiente menú:
-Entrantes: canapés variados de camembert y foie de pato sobre panecillos o croûtons.
-Primer plato: ensalada rústica de bacon y roquefort y quiche Lorraine.
-Segundo plato: patatas al horno con setas a las finas hierbas.
-Postre: crêpes variados y copa de champagne.

A continuación os dejo las recetas:

Ensalada rústica de bacon y roquefort

Esta es una receta más común de algunos pueblos que de las grandes urbes.

Ingredientes:
-250 gramos de canónigos frescos; unos 15 tomates cherry; 3 huevos cocidos; 125 gramos de bacon; 100 gramos de jamón cocido en tacos. Para la salsa roquefort: 1 huevo; 250 ml de aceite de girasol; 2-3 cucharadas de vinagre de Módena; 125 gramos de roquefort; una pizca de sal.

Elaboración:
Sobre un lecho de canónigos, colocamos los huevos cocidos troceados, los tomates cherry cortados a la mitad, los tacos de jamón y el bacon troaceado en tacos gruesos, previamente dorados en una sartén con una gota de aceite. Para la salsa roquefort en un vaso de batir colocamos el huevo y el aceite, con el vinagre de Módena y la pizca de sal. Batimos sin mover la batidora del fondo hasta obtener una mayonesa. Añadir el roquefort troceado y batir nuevamente hasta obtener una salsa fina y de espesor medio. Añadir al gusto sobre la ensalada.

Una ensalada sencilla que sorprenderá a vuestros invitados.

Quiche Lorraine

Ingredientes:
Para la masa de hojaldre: 500 gramos de harina; 200 gramos de mantequilla; 3 yemas de huevo; 50 ml de agua; una pizca de sal. Para el relleno: 3 huevos; 500 gramos de crème fraîche o nata; 400 gramos de queso emmental (puede ser gruyère); 250 gramos de bacon; pimienta; nuez moscada; aceite de oliva; sal.

Elaboración de la masa:
Colocamos en una mesa la harina en forma de volcán y colocar dentro las yemas, el agua y la sal. Amasamos y formamos una bola. Guardamos en la nevera 30 minutos para que esté fría. Sacamos de la nevera y sobre una superficie enharinada, añadimos la mantequilla y volvemos a amasar. Volvemos a colocar en la nevera 10 minutos. Después amasamos con un rodillos y la vamos doblando sobre sí tres veces y seguir amasando. En un molde bajo y desmontable previamente engrasado y enharinado, colocamos la masa en el molde y recortamos los bordes sobrantes. Si nos ha sobrado mucha masa, no la tiramos. Podemos congelarla y volverla a utilizar.

Elaboración del relleno:
En un bol mezclar los huevos, la crème fraîche, el queso emmental rallado. Añadir el bacon previamente dorado en la sartén con un poco de aceite de oliva. Añadimos un poco de pimienta, sal, y un toque de nuez moscada rallada. Vertemos el relleno sobre el hojaldre. Hornear a 180º durante 50 minutos, con el calor en posición baja. Gratinar 10 minutos para que se dore.

¡Un plato para chuparse los dedos!

Patatas al horno con setas a las finas hierbas.

Ingredientes: 1,5 kg de patatas; 350 gr de setas; 1 cebolla grande; aceite de oliva; finas hierbas; un vaso de oporto; pimienta; sal.

Elaboración: pelar y cortar las cebollas en pequeños trozos. Después ponerla a rehogar, y cuando esté empezando a dorarse añadir las setas y un poco de sal. Cuando la cebolla esté dorada, apartar del fuego. En una fuente de horno, añadimos unos 100 ml de aceite de oliva y colocamos las patatas previamente peladas. cortadas en finas rodajas y salpimentadas. Cubrimos las patatas con el sofrito de setas y la cebolla. Añadimos el oporto, las finas hierbas y un poco de aceite de oliva. Metemos la fuente en el horno durante 1 hora a 200ºC. Pinchamos las patatas para saber si están hechas.

Perfecta armonía de sabores en el plato.

Crêpes dulces

Ingredientes (para 4 personas): 3 huevos; 130 gramos de harina; 75 gramos de mantequilla; 125 ml de leche; una pizca de sal.

Elaboración: Batimos a mano todos los ingredientes hasta obtener una masa fina y no demasiado espesa. Verter sobre la crepera o sartén, caliente y ya engrasada, la masa y entender una fina capa. Esperar un par de minutos a que se cuaje y dore y dar la vuelta. Una vez hecho rellenamos el crêpe con lo que más nos guste. Nosotros utilizamos crema de cacao y la combinamos con plátano o con mermelada de fresa. También añadimos una bola de helado de vainilla en algunos.

El dulce francés por excelencia. Una exquisitez muy sencilla.

La fiesta terminó brindando con una copa de champán.

¡A vuestra salud!

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Francia en el paladar

Salût, petits et grands goûrmets!

Gastronomía francesa, tan rica y variada como su cultura.

Realmente resulta muy difícil hablar sobre gastronomía francesa en términos generales, pues lo ideal sería dar a cada región del país el protagonismo que merece. No obstante haremos un repaso de los productos más típicos de cada zona y conoceremos algunos de los lugares más entrañables en los que disfrutar sus productos. Además conoceremos a uno de los chefs más importantes del país, que nos abre las puertas de sus restaurantes y de su vida, para que podamos conocer un poco más sobre él.

La cocina francesa está influenciada por el resto de los pueblos europeos, lo cual no quiere decir que no tenga sello propio, sino todo lo contrario; su identidad se ve aún más reforzada si cabe. Un ejemplo de ello lo vemos en nuestra primera parada: la región de Languedoc-Rosellón, que fue celta, romana, visigoda y, catalana hasta el siglo XVII.

Al sur del país, cruzando la frontera española por Cataluña, llegamos a una comarca puramente mediterránea. El turista disfrutará degustando su gran variedad de pescados en las zonas costeras, como es el caso del bello pueblo de Sète. Un ejemplo de ello es la bourride, una finísima sopa de pescados blancos, emparentada con la famosa bullabesa. Ya en Nîmes no podemos marcharnos sin probar su brandada de bacalao, plato elaborado con bacalao desmigado, o el cassoulet, guiso de alubias blancas. Es casi obligatorio para los amantes del vino, acompañar el plato principal con un vino de la zona. Las fértiles tierras de Perpiñán son propicias para que de sus viñas nazca un gran vino. Plato de Rosellón

Cambiando de comarca, arribamos a la región de Provenza-Los Alpes, en la esplendorosa Costa Azul. Entre sus muchas y ociosas localidades, no podemos obviar a la bella ciudad de Niza. Siempre que el viajero pueda, no puede pasar por alto pernoctar en el maravilloso Hotel & Spa Splendid. En su restaurante gozaremos de los platos típicos de la zona, como la bullabesa o la ensalada nizarda -elaborada con todo tipo de vegetales frescos y aceitunas, pepinillos, huevos duros y anchoas-. Todo ello con unas vistas panorámicas de lujo.

Parada obligatoria es la de Lyon, capital de la región de Ródano y tercera ciudad más poblada de Francia, tras París y Marsella. Además cuando hablamos de Lyon, muy cerquita, a unos diez kilómetros al norte, hablamos del lugar de nacimiento de uno de los chefs más grandes de la historia francesa, Paul Bocuse. De él conoceremos más en profundidad, en la sección Personas de esta web.
De esta rica región son muchos los platos a destacar, como la fondue saboyarde elaborada con queso y vino blanco. Pero son los dulces típicos como el nougat (a base de clara de huevo, miel y almendra) o el coussin de Lyon (a base de chocolate y pasta de almendra) los que gozan de mayor protagonismo.

Permítanme hacer un alto en mitad de la Borgoña, más concretamente en la encantadora ciudad de Dijon. Merece la pena detenerse ante sus edificios de estilo románico. O pasear junto a la orilla del río Ouche. O quizás todo esto sólo sirva de pretexto para probar su fantástica mostaza que le da la popularidad a esta localidad. Pero no es mostaza todo lo que reluce en esta región. Borgoña, tierra de buenos vinos. En ella se pueden degustar platos como el boeuf bourguignon, que es ternera estofada en vino, o los famosos escargots, caracoles en salsa de vino blanco, mantequilla y perejil.

Destacable es la comarca de Lorena o Lorraine, que le presta su nombre a su plato más típico. La quîche lorraine, tarta salada elaborada con huevos, creme fraiche, queso y bacon.

Llegamos a París, o si lo prefieren la ciudad de las luces, o la ciudad del amor, o la de la moda… Bien conocida por todos, París, en la región Île de France, ofrece a todos los niveles (incluido el gastronómico) un amplio abánico de posibilidades. París recoge de un modo excepcional lo mejor de cada región y lo coloca al alcance de la persona. Por eso, más que lo que puedas comer, quizás, lo realmente importante es el lugar donde lo hagas.
-Si hay una ciudad para todo, es esta. Y por eso, te dejará helado el Ice Kube Bar, en el hotel Kube, situado en Passage Ruelle, 5. Un bar hecho todo de hielo, incluidas paredes y mostrador. Podremos saborear estupendos cócteles. De lo más sorprendente sin duda es que no pasarás frío dentro de él debido al efecto iglú.
-El Kong, restaurante con una vista espectacular del Sena a la altura de Pont Neuf. Este restaurante goza de una muy buena reputación, más que por su comida, porque en su interior se desarrolla una escena del célebre último capítulo de Sexo en Nueva York, una serie y un capítulo convertido en objeto de culto para los admiradores de todo lo que tenga que ver con lo fashion, porque su nivel culinario realmente no tiene nada de especial. Lo mejor la vista.

Saliendo de París, y ya en la región de Bretaña, sería conveniente probar el más famoso dulce francés: el crêpe. El crêpe es una masa ligera a base de harina de trigo, leche, huevos, mantequilla y una pizca de sal. Postre delicioso y de tal sencillez que te permite rellenarlo con aquello que desees (chocolate, dulce de leche, nata, mermeladas, fruta…). Es el crêpe suzette el más famoso, acompañado con un sirope de naranja y flameado de brandy. También se hacen crêpes salados.

Y volviendo al sur por la costa atlántica, llegamos a Burdeos. Aquí se hallan los mejores y más famosos vinos del país con denominación de origen. Pasar por Burdeos y no probar su vino, podría considerarse pecado y una ofensa para el bordelés. Sin duda hablamos de una tierra delicatessen, ya que el vino lo utilizamos para acompañar a sus famosos patés o foies, o a un delicioso confit de pato.

Y aunque finalice este breve recorrido por la geografía culinaria francesa, no cerraré esta entrada sin hacer mención a su variada gama de quesos. El francés presume de tener un tipo de queso para cada día del año. Y así es. De hecho son muchos más de trescientos sesenta y cinco quesos los que se elaboran a lo largo y ancho del país. Los más conocidos, el roquefort, el emmental y el camembert.

Les invito a degustar cualquiera de ellos en un tranquilo y relajado brunch. Que, por si no lo saben es una comida delimitada en un período de tiempo entre el desayuno y el almuerzo, cuyo nombre procede de raíz y desinencia de los anglicismos breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo).

Hasta aquí, espero que hayan disfrutado. En tanto, yo les espero hasta el próximo reportaje, con una copa bien fría de champagne en la mano.

Bon appétit!